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Adolescencia y responsabilidad

30/10/2012 - Airam Vadillo

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La adolescencia tardía, es una etapa que comprende, de forma orientativa, la edad entre los 16 y 18-19 años. Esa transición de la niñez a la adultez pasa por un período crucial el cual todos hemos pasado y vivenciado. La etapa final de la adolescencia presenta la misión de pasar de una necesaria dependencia familiar, a una paulatina autonomía y toma de responsabilidades, las cuales son cruciales para desenvolverse en esta sociedad. Por tanto, se trata de ir manteniendo responsabilidades adquiridas e ir recogiendo nuevas formas de autonomía. Lo que no queda tan claro es la ubicación del adolescente y su independencia. ¿De qué momento se alcanza una responsabilidad?

Según afirma Silber (2006) "Guiar no significar imponer valores. Por ello debe evitarse el rol de predicador, que suele ser contraproducente por razones no sólo éticas, sino también prácticas". Asií, brindar responsabilidades al adolescente es una de las pautas más delicadas, ya que no sólo es el qué decir o llevar a cabo, sino cómo realizarlo. Por otro lado, los rasgos de personalidad del adolescente suele tener su último moldeamiento en esta época. Por ello, la identidad del adolescente en muchas ocasiones (no siempre) suele estar a merced de opiniones externas. Dichas opiniones actúan como espejo que reflejan y proyectan en él mismo lo que se le dice. Tanto es así, que pueden terminar canalizando lo que no es capaz de hacer, independientemente de que sea o no cierto.

Antes de comenzar a desglosar ejemplos de situaciones hipotéticas, es importante destacar que las situaciones son particulares y no se puede generalizar , ya que partimos de un momento exclusivo y con una respuesta única. Por tanto, es crucial entender la individualidad de cada situación y ésta debe ser estudiada en todo su contexto. Sin embargo, sí existe evidencia sobre una serie actuaciones ante situaciones dadas.

Por ejemplo, si decimos que nuestro hijo no es todavía apto para tomar decisiones, puede que interiorice que efectivamente no vale para emitir juicios, o bien a modo rebeldía continúe en esa línea de irresponsabilidad, ya que se resalta lo que no sabe hacer. En este caso, no sólo se remarca lo que no sabe, sino que tampoco se dan las herramientas de solución. Siguiendo un ejemplo parecido, si utilizamos la frase no sabe cuidarse de sí mismo , es una forma de hacer una "profecía que se cumple" y que finalmente no entienda la forma correcta de independencia. Obviamente estas pautas poseen una falta de intencionalidad en la mayoría de casos, es decir, los padres no desean que su hijo se vea de esa forma. El aprendizaje de la educación reside en ambas partes.

Expondré otro ejemplo de una situación dada. Imaginemos que un adolescente quiere comenzar a llegar casa por la noche con libertad horaria, esto es, el adolescente dice: Quiero regresar a casa a la hora que yo quiera . Supongamos que nuestro hijo no se encuentra aún preparado para tener la responsabilidad de llegar a la hora que le plazca ¿Cómo se lo comunicamos? ¿De qué forma? Se podría tener en cuenta una serie de premisas:

- Negociación. Es una forma de debatir el aspecto que solicita, por muy inverosímil o descabellado que parezca; de tal forma que el adolescente sienta que forma parte activa de ese negocio o "regateo". Por supuesto, aquí está nuestra libertad de decidir que no se encuentra en el momento de conseguir su solicitud (llegar a la hora que desee). Sin embargo, el adolescente entiende que su propuesta se ha tenido en cuenta aunque no consiga su objetivo.

- Los motivos. Si queremos hacer referencia a aspectos negativos, es preferible hacerlo en referencia a su conducta , y no de su personalidad. Es posible que no funcione e incluso sea contraproducente decirle que es un irresponsable ( aspecto de personalidad), mientras que si reflejamos un aspecto de su conducta ( no me has demostrado que seas responsable ) no estamos enjuiciando su forma de ser sino su forma de actuar.

- Mención al pasado. Sólo debemos hacer referencia a una conducta suya en el pasado si es útil en el presente . Si no ha demostrado madurez anteriormente, podemos comentar que no mostró el fin de semana pasado una actitud de responsabilidad. En esta línea, toda conducta positiva del adolescente dirigida hacia la autonomía se debe reforzar para que gane en motivación y sentimiento de valía.

- Evitar la confrontración. Por norma general la confrontación no es adecuada , sólo en algunos casos de gravedad conductual. Por tanto, es conveniente evitar esas discusiones en las que se reprochan conductas pasadas, presentes y vaticinios futuros. Suelen servir de desahogo temporal, pero sólo culpabilizan y no solucionan la situación

Finalizando, la autonomía e independencia no sólo es inevitable, sino necesaria. Paulatinamente, vamos brindando esa libertad que necesitan y aceptando que forma parte de un proceso evolutivo. La necesidad de querer ser adulto cuanto antes es normal y comprensible, ya que supone el acercamiento a lo desconocido. Debemos arrojar luz sobre su camino, que pasa de la niñez a la adultez casi sin avisar; acompañar de la mano (sin apretar), sabiendo que poco a poco debemos soltarla, pero estando ahí siempre que lo necesiten.

Referencias bibliográficas

Silber, Tomas. (2006) Guía práctica de la Salud y Psicología del adolescente . Barcelona: Planeta.

Bayard, Jean. (1998) ¡Socorro! Tengo un hijo adolescente. Madrid: Temas de hoy.

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